cuando el aliento no es triste ya se encarga el cansancio de apretarme las desganas
y así ando, descaminado por las aceras, como si tuviera que intuir algo
que no siento
o como si la belleza se escondiera de mí
y yo me negara a darme la vuelta,a encontrármela sin casualidad
y así ando, descaminado por las aceras, como si tuviera que intuir algo
que no siento
o como si la belleza se escondiera de mí
y yo me negara a darme la vuelta,a encontrármela sin casualidad
ni arbitrio, resistiendo los día a día
paso a paso, pero pasando,
esa nube de futuros al aire que te lanza madrid a la primera baldosa que pisas
y que regateo con la inercia funambulista de los sonámbulos,
horas que paso en silencio imitando caricias telefónicas,
hablando solo en los escaparates
o mirando la noche desde mi ventana, tengo el marco perfecto
y nada que dibujar,
me siento como un niño que no sabe qué hacer con una pelota
y ni siquiera saca fuerzas para darle una patada,
aburrido del mimismo en que lo convierto todo
y deseando encontrar esa bala con la que te dije que me jugaría la vida,
nunca fue difícil de entender: los únicos que no hacen trampas
son los que no juegan,
no hay abecedarios para la sopa de letras de las lágrimas,
el café es lo menos amargo de todas las cosas tristes,
habrá que rebuscar en la chatarra las piezas que ya no nos fabrican en serie,
ahora que sé dibujar con sangre ya no te pones aquel vestido rojo,
quizá mañana sea ese hambre que anunciaba el pan de hoy,
duro como el pasado
pero preparado para desmigarse como el olvido.
paso a paso, pero pasando,
esa nube de futuros al aire que te lanza madrid a la primera baldosa que pisas
y que regateo con la inercia funambulista de los sonámbulos,
horas que paso en silencio imitando caricias telefónicas,
hablando solo en los escaparates
o mirando la noche desde mi ventana, tengo el marco perfecto
y nada que dibujar,
me siento como un niño que no sabe qué hacer con una pelota
y ni siquiera saca fuerzas para darle una patada,
aburrido del mimismo en que lo convierto todo
y deseando encontrar esa bala con la que te dije que me jugaría la vida,
nunca fue difícil de entender: los únicos que no hacen trampas
son los que no juegan,
no hay abecedarios para la sopa de letras de las lágrimas,
el café es lo menos amargo de todas las cosas tristes,
habrá que rebuscar en la chatarra las piezas que ya no nos fabrican en serie,
ahora que sé dibujar con sangre ya no te pones aquel vestido rojo,
quizá mañana sea ese hambre que anunciaba el pan de hoy,
duro como el pasado
pero preparado para desmigarse como el olvido.
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